Desde Elul hasta Yom Kippur

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Breve estudio compilado por el Dr. Luis Ernesto Rivera


El día 1 de Tishrei del Anuario Hebreo (21 de septiembre del 2017) iniciamos el Nuevo Año 5778. Correspondiente a la celebración del Día de Yom Teruah (Trompetas – Shofarim). Nuestro caminar en canto y oración nos ha traído en rumbo hasta que lleguemos a Yom Kipur (Día de la Reconciliación – Perdón, en el 10 de Tishrei), que este año coincide con el 30 de septiembre del 2017, según el calendario gregoriano (Levítico 23:26-32).

Los días que transcurren desde el 1 al 10 de Tishrei (en este año 2017, del 21 al 30 de septiembre), son conocidos como “Días Austeros” (Yamin Noraím en hebreo), identificados también como “días temibles”, por ser el momento en que Dios juzga al mundo y decreta lo que sucederá en el transcurso del nuevo año.

Los Días Austeros marcan un tiempo para realizar un examen de conciencia, tanto para el individuo como para la comunidad. Si Pésaj (Pascua) es la fiesta de la liberación nacional, Rosh Hashaná (Trompetas) celebra al hombre libre: Este, es aquél que se siente moralmente responsable no sólo por lo que hizo, sino también por lo que dejó de hacer… Por lo tanto, no necesita de intermediarios para revisar su conducta, y posteriormente realizar el arrepentimiento y la corrección, y libremente llegar a Yom Kipur. De ahí surge el valor universal y humano de esta festividad.

Si comparamos los Días Austeros (Yamin Noraím), Rosh Hashaná y Yom Kipur, con otras festividades del calendario hebreo, encontramos que se diferencian desde sus bases. Pésaj (Pascua), Shavuót (Pentecostés) y Sucót (Cabañas) tienen su origen en acontecimientos históricos, religiosos y nacionales: Un pueblo es liberado de la esclavitud, recibe la Torá (las Santas Instrucciones de Dios) en el Monte Sinaí, se forja en una trabajosa marcha a través del desierto.

En contraposición a lo anterior, los Días Austeros ostentan un carácter singular: pertenecen al mundo de la espiritualidad y de la fe, y al mismo tiempo exaltan los valores que son comunes a todo el género humano.

El último de los días austeros (10 de Tishrei), de reflexión, es el Día del Perdón (Yom Kipur). Este día de fiesta lleva a los hombres a pensar en Dios y en el prójimo, y en este día se entiende que Dios perdona a todos aquellos que se arrepienten de aquellos pecados que hacen a la relación “hombre-Dios”.

Los pecados que el hombre comete contra Dios, contra su prójimo y contra sí mismo, son perdonados de inmediato, siempre y cuando exista la intención de un verdadero arrepentimiento y una firme decisión de no volver a incurrir en ellos. No existe pecado que Dios no pueda perdonar, empero, referente a los pecados del hombre contra su prójimo, es necesario que el pecador primeramente vaya y se reconcilie con el ofendido. Esto, porque debe haber perdón mutuo y reconciliación entre los hombres. No se puede estar en paz con Dios si no se está en paz con el prójimo. Dios no perdona esos pecados, hasta que no sean perdonados por el damnificado.

Yeshúa HaMashiaj (Jesús el Mesías) nos ilustra claramente lo anterior cuando dice en Mateo 5:23-24:

Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mateo 5:23 – 24).

Este versículo nos muestra claramente que Yeshúa (Jesús) conocía perfectamente la ordenanza y la practicaba. Nos la enseñó para que nosotros la pongamos por práctica.

Dado lo anterior, al día de la expiación, en algunas ocasiones también se le denomina en plural como Yom Ha Kipurim (Día de los perdones); esto es porque en ese día hay remisión de los pecados que la persona comete, cualquiera que sea su origen:

  • Contra sí mismo, tales como fumar, ingerir licor o drogas, comer indebidamente, todo lo que afecte a su persona.
  • Contra su prójimo, tales como robo, engaño, ofensa, agresión física, maledicencia, etc.
  • Contra Dios, que incluye los anteriores, y también aquellos que afectan directamente la veneración y el respeto que el hombre debe a su Creador, entre otros, la blasfemia, el juramento en falso, etc.

En estos días, el símbolo central y más importante de la festividad es el sonido del Shofar, que es un cuerno de carnero que se hace sonar y mediante el cual Dios llama a Sus hijos, a la oración, la caridad, la meditación, al auto-examen y el arrepentimiento. Estos son días de arrepentimiento e introspección, de balance de los actos y de las acciones realizadas, de plegaria y sensibilidad especiales.

Proféticamente, a Yom Kipur (Día del Perdón), se le identifica como Día del  Juicio y como el Día del Recuerdo porque, según la tradición, ese día Dios juzga a los hombres, abriendo tres libros: uno, con los malos (quienes quedan inscriptos y sellados para la muerte), otro, con los buenos (quienes quedan inscriptos y sellados para la vida) y, el tercero, para quienes serán juzgados en el Yom Kipur.

Según la tradición hebrea, el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Sin embargo, a menudo el ser humano se aparta de la buena senda. Esto originó la necesidad de que el hombre tenga que hacer Teshuvá (acto de arrepentimiento y retornar a la buena senda del Creador). Este es el propósito central del Día de Reconciliación (Yom Kipur). Consiste en estimular al ser humano para que no pierda el ánimo, para que siga confiando en sus propias fuerzas para buscar a Dios: siempre hay un camino de retorno.

La idea de Teshuvá como regalo del cielo, patrimonio de toda la Humanidad, se expresa claramente en un texto bíblico: el Libro del Profeta Jonás (“Séfer Ioná”). Dios envía al profeta judío Jonás a Nínive, en Asiria, la ciudad donde reina el pecado. Quiere que llame a sus habitantes al arrepentimiento, para concederles el perdón. Jonás se resiste, pero Dios lo obliga a cumplir su cometido, porque la piedad divina abraza a todos los hombres sin distinción. Por último, la gente de Nínive escucha al profeta, se arrepiente de sus pecados y es perdonada. Por esta razón, en este día se suele leer el libro de Jonás, como una historia eminentemente universalista.

El Día del Perdón es la fiesta más solemne del calendario hebreo. Todo el capítulo 16 del libro de Levítico nos brinda una descripción del mandamiento de Dios para la expiación. El concepto central del mandato se resume en los versículos 29-34.

“Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros. Porque en ese día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de YHVH. Día de reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; es estatuto perpetuo….. Y esto tendréis como estatuto perpetuo, para hacer expiación una vez al año por todos los pecados …”

Yom Kipur encierra la ordenanza especial de hacer ayuno (“… y afligiréis vuestras almas”). Este es el ayuno más importante y solemne que registra la Biblia. Este ayuno se hace total (25 horas), con el propósito de alejarse durante un día completo, de las necesidades materiales del cuerpo humano, y así dedicarse con mucha más concentración a la oración y al contenido espiritual de este día.

Para los que creemos y seguimos a Yeshúa HaMashiaj (Jesús el Mesías), Yom Kipur es un especial día en que recordamos, reconocemos y agradecemos por Su sacrificio en el madero, mediante el cual Él nos dio la salvación y alcanzamos el perdón de los pecados.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Porque YHWH no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no se condena; pero el que no cree ya se ha condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:16-18).

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Yeshúa (Jesús) murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Yeshúa (Jesús), por quien hemos recibido ahora la reconciliación” (Romanos 5: 8-11).

Durante estos días, habiendo tomado la firme decisión de arrepentimiento, es maravilloso evocar continuamente la oración cantada llamada “Abinu Malkenu” que en hebreo significa Padre Nuestro, Rey Nuestro. Esta oración hebrea se relaciona con el Padre nuestro tradicional, por esa razón, hay personas que lo llaman el Padre Nuestro del Antiguo Testamento; son las primeras palabras y el nombre de una parte solemne de la liturgia hebrea tradicional que se recita especialmente durante los días penitenciales.

El Padre Nuestro que es recitado desde tiempos de antaño va dirigido pura y exclusivamente a Dios. Hay quienes encuentran que el contenido del “Abinu Malkenu”, también refleja el mensaje expresado en el Salmo 23.

Que precioso mensaje nos dejó nuestro Yeshúa Hamashiaj (Jesús el Mesías) cuando Sus discípulos le pidieron que les enseñara a orar:

“Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación,  mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. (Mateo 6:9-13).

Yeshúa (Jesús) conocía perfectamente el propósito de esa evocación al Padre Todopoderoso. Y, siendo que este es un tiempo dedicado para buscar en forma especial a nuestro Creador y ponernos a cuenta con Él, es bueno recordar que la importancia del “Abinu Malkenu” o el Padre Nuestro, no es recitar una oración aprendida de memoria, sino presentarnos ante el Altísimo en actitud reverente, suplicante y arrepentidos, con el deseo de pedirle perdón.

 

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REFLEXION

 

Querido hermano(a) o amigo(a):

¡Cuántas veces nos hemos propuesto y hasta creemos que hemos pedido perdón o que hemos perdonado!. Sin embargo, en nuestro interior seguimos con algún sentimiento o algún pensamiento que nos demuestra que en realidad, aún existen huellas, recuerdos, dolor, heridas sin sanar. O a cuántos en alguna ocasión hemos herido hablando, pensando mal de ellos o actuando en su contra; y no nos hemos tomado el tiempo para en alguna manera pedirles perdón.

Estamos asistiendo a nuestros cultos y servicios religiosos, estamos tratando de presentar una imagen de auténticos creyentes y seguidores de Yeshúa (Jesús), pero no estamos obedeciendo a lo que la Palabra en realidad nos manda; con ello estamos asumiendo una actitud de falsedad (y digo con todo respeto, de hipocresía) ante el Todopoderoso.

Pero bueno, que este estudio no sea un señalamiento o motivo para acusar, pues solamente Él es nuestro Juez. Sin embargo, que sea una invitación para reflexionar y cambiar el rumbo de nuestra vida; que sea una Teshuvá auténtica, en donde nuestra actitud sea testimonio del retorno a la senda de la cual estamos distanciándonos.

 

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Yo, por mi parte,

Deseo aprovechar esta ocasión en que nos acercamos a la celebración del Día de Expiación, para enviarles un muy sincero y especial saludo, confiando en que este excepcional encuentro con nuestro Padre Celestial, a través del ayuno y rogativas de Yom Kipur, nos traiga la auténtica paz y reconciliación que tanto necesitamos, en lo personal, en lo familiar y en nuestras naciones, especialmente en el pueblo de donde nos llegó la Santa Palabra (Israel).

En igual manera, deseo aprovechar esta oportunidad para suplicar el perdón de todos, conocidos o desconocidos, especialmente de usted querido(a) lector(a), por algo que yo haya dicho o hecho, y que le haya traído dolor, pena o daño, en cualquier forma.

 

Por mi parte también,

Declaro que perdono a toda persona que me haya ofendido, de palabra o de pensamiento, de acción o de omisión, sea que yo esté consciente o no, perdono a todos y que nadie sufra por mi causa.

 

Que el Todopoderoso, quien es bueno en gran manera, pueda aceptar también mi petición y nos envíe las aguas de sanidad sobre todos y nos eleve espiritualmente hasta las alturas del potencial de redención que ha sido destinado en los lugares celestiales para nuestra generación.

Sea todo hecho en el Nombre y por los méritos de nuestro Señor Yeshúa HaMashiaj (Jesús el Mesías), de quien esperamos la manifestación de Su pronto retorno a esta tierra, en nuestra generación.

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Que todos disfruten unas felices fiestas y  por supuesto,

LESHANAH TOVA TIKATEV VETEJATEM

(Que seas inscrito y sellado para un buen año)

 

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Luis Ernesto Rivera y Familia

 

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2 comentarios en Desde Elul hasta Yom Kippur

  1. Mar Rosh dice:

    Shalom
    me gusta lo estudios de su pagina en especial el de la lengua sagrada Todah.

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